Monday, July 24, 2006


Pues bien, hoy es uno de esos días en que me pregunto a dónde me dirijo. A veces la vida es tan incierta, la vocación tan borrosa. A veces me pregunto por qué Dios me ha puesto un deseo tan profundo en el corazón y después me cierra el vientre a la vida. Hay veces, como hoy, en que someto mi vocación, a un tremendo interrogatorio digno de un judicial panzón mexicano. Sí, con tehuacanazos y todo.

Mi hermano me necesita y me duele en el alma no poderle ayudar por esta vida a la que me siento llamada. Pero, ¿qué no vine a esta vida para dar mi vida a otros? ¿Quizás es lo Dios está tratando de decirme? Dios mío, todo me resulta tan incierto.

Hoy fui al colegio a conocer a la maestra con la que trabajaré. Fui tres veces y no la encontré. Sin embargo en el salón de Elizabeth conocí a dos mamás que traían a sus hijos a conocer a sus maestras. Las mamás traían diamantes en las manos, oro en el cuello, dinero en la bolsa. Se les notaba lo fino.

Y yo pensaba en Nena y su familia. En lo que me confesó ayer su mamá que sólo les alcanzaba para dar una comida al día y a veces mal dada. Y me da tanta rabia pensar que esas niñas no tienen un futuro asegurado. Porque nacieron pobres. Porque la vida es así. Porque esas niñas seguirán deseando helados y un abanico en tiempo de calor y un calentador en tiempo de frío. Y yo me siento como una traidora por las comodidades que tengo aquí cuando sé que mi familia no las tiene. Y lo peor, que las podrían tener si yo no estuviera aquí. ¡Que ironía! Encadeno a mi familia a la pobreza que he elegido.

Monday, July 10, 2006

Pues bien, he empezado la maestría en teología. El primer día tuve una experiencia que sobrepasa a la visión de Isaías en el templo...

He azotado cual elegante vaca. Lo que pasó es que no noté el escalón al abrir la puerta del baño. Y despúes de todo, ¿para que poner un escalón en un lugar tan innecesario, que convierte el inodoro en un verdadero trono?

Sea cual sea la respuesta, el caso es que no lo ví, y he azotado con una elegancia vacuna digna de la granja del Old McDonald...imagínate, de rodillas, cara dentro del inodoro, me raspé los codos y me disloqué un dedo...Obviamente, primero me cercioré que nadie me hubiera visto, y ya después me sobé.

Hablando del dedo, parentesis aparte, corrí a mostrarle a una estudiante de teología que es oftalmóloga de profesión. Ya sé. Mis compañeros también se burlaron porque me dijo: "A ver, déjame ver" Pero no, para ser oftalmóloga tuve que ser primero médico general, ¿no?

En fín, me lastimé más el orgullo.